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Mirror, de Hakan Sahin

¿En busca de lo cinematográfico?, por Pablo Klappenbach

Lo primero que le dicen al eterno estudiante turco cuando llega a Zama, el pequeño pueblo de Alberta, Canadá, es cómo allí se tiende a inventar historias, llegando al punto en que realidad y ficción se tornan indiscernibles. Había aceptado el trabajo en una estación de servicio para ganar un poco de dinero durante unos meses, pudiendo así presentarse nuevamente al examen de inglés, cuya aprobación es necesaria para estudiar filosofía. En esa primera introducción al pueblo, se anticipa el resto del film. Atrapados en la infinitud de lo cotidiano, los habitantes del pueblo viven sus confortables y alienadas vidas a la espera de lo inesperado. Y, para ello, la construcción del relato ficcional ofrece la mejor salida.

Quizás hasta el final de la película podemos creer que la angustia del personaje principal proviene del alto grado de conciencia del mundo que lo rodea. Atrapado como está, tanto en el plano material como en el simbólico, sus ojos tienen la posibilidad de registrar el contexto, percibiendo la degradación del hombre en el reino del confort. Es posible que la oposición sugerida en un breve diálogo, confort y tradición, no sea la más apropiada, pero sirve en definitiva a los objetivos de discutir la tiranía de la cultura capitalista, que doblega a los sujetos en la mercantilización del deseo (el consumo de la mercancía y, aquí también, bajo la figura del inmigrante, la nación mercancía).

No obstante, el desenlace de Mirror desestabiliza el status del personaje. Ese encierro al que se ve sujeto (que se asemeja notablemente al del espectador cinematográfico que realiza trayectorias visuales más o menos pautadas por otros, casi siempre ausentes), finalmente acaba por poner en duda el grado de realidad de sí mismo al estallar el espejo que nos ofrecía su imagen. La materialidad del personaje se desintegra y, con él, las certezas sobre el valor de verdad de lo narrado. Sumado esto al tratamiento cuasi-documental que la película posee, encontramos que las formas mismas de lo cinematográfico tambalean, ya sea en su vínculo con la esfera de lo social, ya sea en su capacidad de referencialidad. Se concluye, por este camino, en una discusión sobre lo cinematográfico en tanto categoría de acción política o artilugio escapista del bienpensante. “En otras palabras, nada puede ser tan crítico con respecto al trabajo conceptual y práctico de la televisión como la proyección de imágenes sin editar durante todo el día”, dice Harun Farocki, y con esto queda abierto el interrogante acerca de si lo que es deseable no son aquellas cintas que minan el campo del corpus cinematográfico. En otras palabras, lo que se cuestiona es si es cierto que la fuerza de la narración cinematográfica logra romper el corsé de la industria cultural para articular un pensamiento crítico y, si esta afirmación cayera, qué es aquello que debe ser filmado.

Ficha técnica

Mirror
Canadá, 2002.
Inglés, turco, color, 80m.
Director: Hakan Sahin.
Intérpretes: Ugur Polat, Travis Vanhill, Ljubo Bakic, Lambert Loeffen, Ken Olson, Catherine Mezer, Cengiz Temelli.
Guión: Hakan Sahin.
Fotografía: Richard Gustavsen.
Montaje: Hakan Sahin.
Sonido: Peter Dranchuk.
Música: Eric Satie.
Producción: Leyla Sahin.
Exhibida en el 5° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, abril de 2003. Sección Oficial en Competencia.

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* Indice del festival de Bs As 2003